UN AVISO HISTORICO Y VISIONARIO

El 15 de noviembre de 1976 publicamos en medios nacionales el aviso institucional de apertura del BLA en el que dejamos asentados nuestros principios rectores: “Porque creemos en el país y la iniciativa de sus hombres, fundamos el Banco Latinoamericano de Inversión”. Ese anuncio traslucía toda una filosofía de trabajo puesta al servicio del país y nuestra gente.

Pero la historia del aviso, como cierre o conclusión de un proceso de trabajo exitoso comenzó en mayo de 1975, cuando al regreso de un viaje a Europa, y luego de haber visto lo que eran los bancos de negocios, volví con esa idea de fundar un banco de inversión, diferente a la banca comercial, con la intención de promover y financiar proyectos de desarrollo productivo.

La idea, por el solo hecho que llevara explícita la propuesta de “proyectos”, me hizo reflexionar. No era algo que estuviese en mis objetivos en ese momento porque estaba totalmente abocado a mi tarea profesional, pero tenía claro que me faltaba la herramienta financiera para potenciar mi desarrollo con mayor independencia económica para los proyectos que estábamos emprendiendo.

Cabe recordar que en ese entonces existía una gran subordinación a las instituciones financieras, las que no eran proclives a respaldar a empresas constructoras.

Me tomé un tiempo para meditar y estudiar qué significaba un banco de inversión como banca de negocios tal como la había visto en Europa; y también debía evaluar qué vuelco produciría mi vida con esa bifurcación en mi carrera profesional.

La creación de una banca de inversión, a mis 37 años, bien podía calificarse como un acto muy ambicioso, pero no alocado.

El enfoque empresario era, básicamente, un banco de inversión. En ese momento sólo había uno en su tipo funcionando en la Argentina, el Banco Unido de Inversión, y lo hacía muy esporádicamente, con muy poca penetración en el mercado.

De modo que luego de estudiar detenidamente el tema y de sostener varias reuniones con especialistas confiables en el sistema financiero, les dije a mis hermanos que me interesaba la propuesta y empezamos a trabajar en la creación de la entidad.

La creación del Banco latinoamericano fue un salto cuantitativo y cualitativo muy audaz que -tal vez- no incluyó un análisis muy a fondo del contexto político que se estaba viviendo en el país, y si era o no el apropiado para lanzarse con esa inversión. Pero asumo que en esos días era difícil imaginar que una gavilla de civiles preparaba un plan económico que iba a ser impuesto a sangre y fuego por los militares como su brazo armado, y que iba a representar un asalto al país y a sus riquezas, una apropiación de la renta nacional a gran escala, robándoles la vida a miles de ciudadanos mediante la metodología de los secuestros y las desapariciones.

Si bien la idea del banco había empezado a tomar cuerpo a principios de 1975, no consideramos la coyuntura política que ya se estaba viviendo, no visualizamos la tragedia nacional que se avecinaba a través de la más feroz y sangrienta dictadura de toda la historia argentina. Y mucho menos que íbamos a terminar siendo elegidos como víctimas elegidas de los socios civiles de los militares, ladrones de guantes blanco, manchados de sangre hasta el codo.

Además, haber tomado la iniciativa de instalar el banco y depositar la suma mínima exigida por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) para llevarlo adelante en Capital Federal -u$s 6.000.000- hizo que en marzo de 1976, cuando se perpetró el golpe de Estado, ese depósito ya estuviese concretado y nos dejase con el caballo en medio del río.

Como ya no podíamos volvernos atrás, seguimos con bastante preocupación por lo que se avizoraba. Nunca imaginamos que la dictadura iba a ser lo sangrienta que fue ni que iba a arrasar con las instituciones, con la justicia y con la vida de las personas. De haberlo sabido o intuido, hubiéramos detenido el proyecto.

El concepto que inspiró la instalación del BLA era pluralista en las ideas políticas de su Directorio, abierto en cuanto a la elección de sus integrantes -todos profesionales capacitados- y no reposaba en la improvisación. Por mi propia meticulosidad, lo doté de recursos humanos de primer nivel en sus diversas áreas. De hecho, el primer ministro de Economía de la democracia salió del Banco Latinoamericano: Bernardo Grinspun.

Ya en 1977 el BLA comenzó a funcionar. Prácticamente tuvimos que arrancarle a los directivos del BCRA -guardo el registro de las fechas de esas reuniones- la autorización para empezar a operar. Teníamos un capital muy importante inmovilizado, la sede del banco (en el Edifico PROA), estábamos prácticamente instalados, pero no nos daban la autorización para comenzar.

El 15 de noviembre de 1976 publicamos el aviso institucional de apertura, poco después de que el BCRA aprobó el inicio oficial de las operaciones del Banco Latinoamericano.

Comenzamos a operar en 1977 y desde entonces, hasta 1980, tuvimos un crecimiento bastante fuerte, que fue motivo de preocupación para el BCRA.

En el aviso de referencia decíamos: “Porque creemos en el país y la iniciativa de sus hombres, fundamos el Banco Latinoamericano de Inversión”, dejando en claro que nuestra operatoria estaba destinada a promover el progreso del país a través del fomento del desarrollo productivo. (Ver el aviso desde aquí).




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